Information Literacy: One Key to Education. VIII

Dynamic purposeful learning in information literacy (p 89-99) Robert Kenedy, Vivienne Monty Published Online: Jun 11 2008 3:01PM
DOI: 10.1002/tl.319

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En este artículo se pone de manifiesto la importancia de la colaboración entre los docentes y los bibliotecarios para conseguir que los alumnos adquieran las habilidades de la ALFIN. Existen diferentes escenarios en los que esta colaboración es posible. En este caso, se explica un modelo, que los autores (un profesor y una bibliotecaria), han llamado “Dynamic Purposeful Learning” (aprendizaje con carácter dinámico, más o menos). El aprendizaje dinámico es hoy día una premisa en los sistemas de aprendizaje para que los alumnos tomen conciencia de la importancia de lo que está pasando. Además, al tener una parte de la materia de la asignatura dedicada expresamente a la formación en ALFIN les hace ver por qué es importante adquirir estas habilidades y por qué necesitan saber cómo usar la biblioteca.

A través de las encuestas realizadas a los estudiantes, estos reconocen que han mejorado su capacidad de investigación. El Plan ALFIN comienza con la integración en el currículo, la incorporación de la formación en ALFIN en las asignaturas y la tutorización de las actividades de los alumnos en las sesiones llevadas a cabo en la biblioteca, tanto por los profesores como los bibliotecarios o a dúo.

Normalmente la literatura profesional ignora si los bibliotecarios siguen ofreciendo ayuda como tutores o profesores a los alumnos en el transcurso de sus trabajos. Estos trabajos de investigación que reflejan los pasos de la ALFIN, mejoran la adquisición de las competencias por parte de los alumnos. Los bibliotecarios pueden ayudarles a seleccionar los recursos más adecuados a su temática y los profesores conocen mejor los contenidos y pueden ayudarles a evaluar y aplicar mejor la información obtenida.

Si lo que realmente se pretende es que los alumnos aprendan, los docentes deben asumir el papel de facilitadores que animen a los alumnos a ser más autónomos en su aprendizaje y los bibliotecarios deben llegar a ser mentores que desarrollen en los estudiantes su capacidad de evaluar y elegir la información más adecuada, y los alumnos, deben aprender de forma más activa e independiente y ser capaces de integrar los diferentes recursos de información a su alcance. Para estar alfabetizado en la era de la información, hay que ser capaz de identificar qué información se necesita, localizarla, evaluarla, sintetizarla y comunicarla (Farmet and Mech, 1992).

Algunos docentes piensan que ya no hay que ir a la biblioteca porque todo está en Internet, sin embargo esos mismos se quejan de que los alumnos no son originales en sus planteamientos, ni académicos, ni cotejan la información que presentan. Estos alumnos son alfabetos digitales, pero analfabetos informacionales.

Otros docentes piensan que no tienen tiempo para integrar esta formación en sus asignaturas y que no es algo de su responsabilidad, sin embargo formar al alumno como investigadores para que puedan llevar a cabo sus trabajos si es responsabilidad de todos, profesores y bibliotecarios, y los únicos que pueden llevar a los alumnos a las bibliotecas para que adquieran estas habilidades, son ellos.

Los autores, profesor y bibliotecaria de la Universidad de York, usan en sus clases 9 métodos activos de aprendizaje (Drueke, 1992):

  1. Hablar informalmente con los estudiantes cuando llegan a clase
  2. Esperar su participación
  3. Organizar la clase (espacio) para fomentar la participación
  4. Usar pequeños grupos de debate, cuestionarios, escritos, que les obligue a la participación
  5. Darles tiempo para responder
  6. Recordar lo que han dicho, parafraseándolos.
  7. Reducir el anonimato, presentándose uno mismo y pidiéndoles a los estudiantes que se presenten.
  8. Llevar al debate mostrándole la importancia de la biblioteca para sus estudios (es imprescindible la presencia del profesor que refuerce esta idea).
  9. Animar a los alumnos a hacer preguntas no solo al final de la clase.
El objeto de este artículo es presentar los resultados de su proyecto Dynamic Purposeful Learning, desarrollado tras 10 años de colaboración y basado en la idea de que el aprendizaje del alumno mejora con la enseñanza colaborativa. Se trata de un modelo pedagógico basado en tres elementos esenciales: un profesor universitario que trabaja con un bibliotecario en el contexto de un trabajo de investigación de clase a presentar por los alumnos, el trabajo como método de aprendizaje, ey que se completa en diferentes etapas secuenciales.

Es clave del proceso que el primer encuentro con los alumnos lo realizan profesor y bibliotecario juntos, y el intercambio interactivo entre profesor y bibliotecario garantiza un mayor nivel de participación.

El trabajo de investigación se centra en la materia de la clase y las habilidades a adquirir forman parte del programa de la asignatura.

Las etapas para la realización del trabajo son las siguientes: en la primera se hace una descripción detallada del trabajo y el tiempo que tienen. En la segunda, el bibliotecario introduce al alumno en la búsqueda de los recursos. En la tercera el profesor instruye a los alumnos en la evaluación, resumen y análisis de los artículos de revista obtenidos en el contexto de la revisión bibliográfica. En todas las etapas la colaboración bibliotecarios-docentes es continua.

La sesión en la biblioteca debe ser cuidadosamente preparada por ambos formadores, para que quede muy claro qué se espera que los alumnos adquieran en esta sesión. Tras la experiencia de estos años, añaden las siguientes recomendaciones sobre la clase en la biblioteca: debe ser preceptiva, el docente debe dejar claro que sin esa clase no se puede realizar el trabajo, no se trata de una sesión de relleno, y hay que estar muy atentos ya que de ella depende la adquisición de unas habilidades que se exigirán en clase. La visita a la biblioteca se prepara con antelación en clase.

El aprendizaje de las competencias está centrado en una materia concreta ya que son diferentes las habilidades que necesita un biólogo que un periodista (Huba and Freed, 2000) y les introduce en la forma de pensar de la profesión.

Este proyecto de aprendizaje activo y colaborativos tiene como ya hemos visto tres etapas: previamente se debaten en clase las características del trabajo de investigación que se va a llevar a cabo, se celebra el seminario en la biblioteca, presentándose el proyecto de investigación, y por último, se hace un seguimiento del trabajo del alumno, tanto por parte del bibliotecario como del profesor. Es importantísimo por lo tanto que ambos formadores estén conectados y hayan preparado cuidadosamente todo el desarrollo del trabajo y las sesiones.

Las conclusiones que aportan los autores al final del artículo son:

  1. El trabajo del bibliotecario detrás de la escena y en la clase con el profesor debe ser en continua interacción para un mejor aprendizaje del alumno.
  2. El bibliotecario no debe ser un sustituto del profesor con la única intención de dar una clase en la biblioteca
  3. El profesor debe enviar con suficiente antelación el programa de la asignatura para que el bibliotecario pueda revisar y aportar nuevos contenidos o puntos de vista, mejoras a la planificación del trabajo.
  4. El seminario de la biblioteca debe estar integrado en el currículo.
  5. Estas habilidades no deben trabajarse de forma aislada y deben estar integradas en los resultados de aprendizaje que la Universidad está dispuesta a garantizar.

El proceso de colaboración comienza con bibliotecarios y profesores trabajando juntos dentro y fuera de las clases, y continúa trabajando con los alumnos formal e informalmente.

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